¡Hola, amigos buscadores de la verdad! Nos reunimos hoy con un propósito fascinante: desentrañar el misterio del «Rayo de la Creación» y, en particular, adentrarnos en la comprensión de los Siete Cosmos. Es crucial entender dónde estamos parados en este vasto universo. Así que, con paciencia y una mente abierta, embarquémonos en este viaje de conocimiento.
Los Siete Niveles del Universo: Una Visión Cósmica
¿Sabías que no hay un solo cosmos, sino siete? Cada uno con sus propias características y «leyes» que rigen su existencia. Vamos a explorarlos uno por uno, desde lo más divino hasta lo más denso:
- Protocosmos: El primero, el más sublime. Formado por innumerables Soles Espirituales, trascendentales y divinales. Aquí, la «Única Ley» reina suprema, sin mecanicidad alguna, solo libertad y dicha absolutas.
- Ayocosmos: El segundo orden de mundos, compuesto por millones de soles y planetas que surcan el espacio. Está gobernado por las 3 Fuerzas Primarias que dan origen a toda la Creación Cósmica. Aquí, la felicidad es plena, aunque ya con un matiz de mecanicidad.
- Macrocosmos: Nuestra propia Galaxia, la grandiosa Vía Láctea, es un ejemplo perfecto de este nivel. Regida por 6 Leyes, aquí ya se introduce un cierto automatismo cósmico, un paso más allá de la pura voluntad.
- Deuterocosmos: Cada Sistema Solar, como el nuestro (el Sistema Solar de Ors), representa el cuarto orden. Controlado por 12 Leyes, la mecanicidad y la complejidad aumentan notablemente.
- Mesocosmos: ¿Nuestro hogar, el Planeta Tierra? ¡Exacto! Cada planeta es un Mesocosmos, y está bajo la influencia de 24 Leyes. Esto lo hace mucho más heterogéneo y complejo que los órdenes superiores.
- Microcosmos-Hombre: Sí, tú y yo somos el sexto orden cósmico. Cada organismo humano está controlado por 48 Leyes, lo cual podemos ver reflejado en los 48 cromosomas de la célula germinal. ¡Somos universos en miniatura!
- Tritocosmos: Y finalmente, el séptimo orden, los Mundos Infiernos. Ubicados en las infradimensiones de la naturaleza, dentro de las masas planetarias, están bajo el control de 96 Leyes, multiplicándose escandalosamente en sus círculos más profundos.
Leyes, Libertad y el Rayo de la Creación
La clave de todo esto es una regla sencilla pero profunda: «a mayor número de leyes, mayor grado de mecanicidad y dolor; a menor número de leyes, menor grado de mecanicidad y dolor». El Protocosmos, con su «Única Ley», es la expresión de la libertad y la bienaventuranza absolutas. Conforme descendemos por los niveles cósmicos, las leyes se multiplican, y con ellas, la complejidad, el automatismo y, sí, el sufrimiento. Reflexionar sobre nuestro lugar en el «Rayo de la Creación» es vital para entender nuestro propósito.
A menudo, el concepto de «infierno» se malinterpreta. No es un lugar de fuego y azufre en la superficie terrestre, sino el Séptimo Cosmos, una región con una cantidad abrumadora de leyes que resultan en densidad y dolor extremos. Es la «Región de las Penalidades y los Castigos» precisamente por la multiplicación de esas leyes.
Mitos y Realidades del Cosmos: ¿La Luna es un Infierno?
Es importante diferenciar entre los Siete Cosmos que hemos visto, los Nueve Cielos y los Nueve Círculos Dantescos de las infradimensiones. Los Nueve Cielos, relacionados con las esferas de la Luna, Mercurio, Venus, etc., corresponden al Deuterocosmos. No son los Infiernos, ni son parte de la estructura de los Siete Cosmos de la misma manera.
Y hablando de la Luna… ¿es un mundo donde van las almas perdidas a sufrir? La tradición gnóstica nos enseña que la Luna es, en realidad, un mundo muerto, un cadáver cósmico de un «Día de la Creación» pasado. Como los seres vivos, los planetas también nacen, crecen, envejecen y mueren. La Luna es el ejemplo más cercano de un planeta fallecido. Nuestro propio planeta Tierra, después de la Séptima Raza Humana, seguirá un destino similar, convirtiéndose en una nueva Luna. El Infierno, como el Séptimo Cosmos, existe en las infradimensiones de cualquier planeta, y no en la Luna.
Para reconquistar la libertad y la felicidad, debemos trabajar incansablemente para liberarnos de las capas de leyes que nos aprisionan, ascendiendo por el «Rayo de la Creación» hasta el Sagrado Sol Absoluto. ¿Te atreves a iniciar este viaje de autoconocimiento y transformación?