Queridos amigos, nuevamente nos reunimos para desentrañar un misterio profundo que a menudo pasa desapercibido en nuestra vida cotidiana: el fascinante y a veces aterrador viaje de nuestras Mónadas y Esencias. ¿Alguna vez se han preguntado por qué, a pesar de nuestros mejores deseos, parecemos repetir ciertos patrones o encontrarnos una y otra vez en situaciones difíciles? Hoy vamos a platicar sobre las causas que pueden conducir a la involución, ese camino descendente hacia las regiones infernales, un destino que, aunque parezca lejano, es una realidad para millones de ‘Humanoides Intelectuales’.
Es incuestionable que oleadas de seres, tras agotar su ciclo de existencias en este mundo físico, dejan de encarnar en cuerpos humanos para sumergirse en el Reino Mineral. Parece algo drástico, ¿verdad? Pero la verdad es que el mal, por monstruoso que sea, tiene un límite. ¿Qué sería del universo si no existiera un freno infranqueable para la oscuridad? Se desarrollaría sin fin, reinando en todas las esferas. Aquí es donde entra en juego la tremenda realidad de las 108 existencias asignadas a cada Esencia viviente, a cada Principio Anímico Divinal. ¿Les suena a algo? ¡Claro! Nos recuerda las 108 cuentas del collar del Buda y las 108 vueltas del brahmán hindú alrededor de la Vaca Sagrada. Este ciclo nos ofrece innumerables oportunidades, pero también un gran desafío.
El Viaje de la Esencia: ¿Ascenso o Caída?
Dentro de este ciclo de 108 vidas sucesivas, nuestra Divina Madre Kundalini, la ‘Serpiente Ígnea de nuestros Mágicos Poderes’, busca incansablemente nuestra Autorrealización Íntima. Imaginen todas esas oportunidades para crecer, para transformarnos, para alcanzar la felicidad auténtica. ¡Son muchísimas! Sin embargo, ¿qué solemos hacer? Desafortunadamente, reincidimos en el error sin cesar, y el resultado final suele ser el fracaso. No todos los seres humanos desean realmente hollar la senda que conduce a la Liberación Final. Los grandes Mensajeros que han venido de lo alto —Profetas, Avataras, Apóstoles— siempre nos han señalado con precisión ese sendero rocoso. Pero, tristemente, las personas a menudo rechazan esta Sabiduría Divina, llegando incluso a encarcelar a los Maestros o derramar la sangre de los justos.
Curiosamente, muchos se lavan las manos, se creen santos y presumen de marchar por el Camino de Perfección. Y lo más impactante es que existen millones de ‘equivocados sinceros’ que, honestamente, se consideran virtuosos. En el Tártaro (o las regiones infernales) encontramos anacoretas, místicos, faquires y sacerdotes de todo tipo, que aceptarían cualquier cosa menos la verdad de que están perdidos. Como dijo el Gran Kabir Jesús: “De mil que me buscan uno me encuentra, de mil que me encuentran uno me sigue, de mil que me siguen uno es mío”. El Bhagavad-Gita lo secunda: “Entre miles de hombres, tal vez uno intente llegar a la perfección…”.
El Dogma de la Evolución: ¿Una Verdad a Medias?
Aquí viene la gran pregunta: ¿cómo hacer entender a las personas que el camino al abismo está empedrado de buenas intenciones? Muchos creen que su secta o escuela les llevará a la liberación, pero a menudo los conduce a la ‘Muerte Segunda’ si no despiertan conciencia. Solo al despertar nuestra Conciencia podremos ver ese camino angosto, estrecho y difícil que conduce a la Luz. La mente, por sí sola, no puede descubrir la Verdad. Va de lo conocido a lo desconocido, moviéndose en un círculo vicioso, mientras que la Verdad es lo desconocido, instante a instante. ¿Lo habían pensado así?
A menudo, circulamos por el mundo con la conciencia dormida, leyendo Libros Sagrados sin entender realmente sus profundos conceptos. Si tuviéramos plena Conciencia del Evangelio Crístico, ¿existirían tantas sectas? Probablemente no; habría una sola Religión Crística universal. El tiempo pasa aterradoramente rápido, el ciclo de existencias se agota, y muchos, convencidos de ir por el camino recto, terminan ingresando en la horrible morada de Plutón. El descenso por las escalas animal y vegetal hasta el estado mineral, en el centro mismo del planeta Tierra, es donde millones de Humanoides pasan por esa ‘Muerte Segunda’ de la que habla el Apocalipsis. La aniquilación del ego en estas regiones sumergidas es indispensable para liberar la Esencia, permitiéndole resurgir y reiniciar un nuevo proceso evolutivo. ¡Pero la rueda gira de nuevo!
La Mónada: ¿Arquitecta de Nuestro Destino?
A toda Alma, a toda Esencia, se le asignan 3,000 de estos Ciclos de Manifestación Cósmica, que representan 3,000 vueltas a la Rueda del Samsara. ¡Imaginen la cantidad de oportunidades! Quienes fracasan definitivamente, quienes no aprovechan estas oportunidades, quedan excluidos de la Maestría. En ese caso, la Chispa Inmortal que todos llevamos dentro, la sublime Mónada, recoge su Esencia, la absorbe en sí misma y se sumerge para siempre en el Espíritu Universal de Vida. Así, las Mónadas sin Maestría quedan fuera de toda escala jerárquica. Pero aquí viene la clave: no todas las Chispas Inmortales desean la Maestría. ¡Sí, han leído bien! La Divinidad no es dictatorial; respeta nuestra libertad más profunda.
Si una Mónada realmente desea alcanzar el estado de ‘Mónada-Maestro’, trabaja a su Esencia desde lo más profundo, despertando anhelos infinitos de Espiritualidad Trascendente. Por el contrario, si la Mónada no está interesada en la Maestría, la Esencia, desprovista de anhelo y enfrascada en el ego, ingresará a los Mundos Infiernos. Entonces, ¿es la Mónada culpable del fracaso de la Esencia? Sí, enfáticamente. Si la Mónada trabajara a la Esencia profunda y realmente, esta jamás descendería fracasada al Tártaro. Esto nos ayuda a entender por qué algunas personas, a pesar de escuchar las enseñanzas gnósticas con claridad, no se deciden a seguir el Camino de la Revolución de la Conciencia. Sus Mónadas, quizá, prefieren marchar lentamente o de forma intermitente. Sin embargo, hay esperanza: una persona que no acepte la enseñanza en esta vida, podría hacerlo en vidas subsiguientes, siempre que no haya agotado sus 108 existencias.
Recordemos la Ley de las Analogías Filosóficas: ‘Tal como es arriba, es abajo’. La Tierra no es el único planeta habitado; existen trillonadas de Mónadas inocentes más allá del Bien y del Mal. Muchas intentaron la Maestría y fracasaron; millones otras jamás la quisieron. Aunque disfrutan de la Felicidad Divina como destellos de la Divinidad, no poseen la Maestría. Pero atención: el descenso al Tártaro no siempre es un fracaso definitivo. El fracaso final es solo para las Esencias y Mónadas que no lograron la Autorrealización Íntima en 3,000 ciclos de la Rueda del Samsara, pues al final de estos, las puertas se cierran. La senda es ardua, sí, pero la recompensa de la auténtica liberación es inconmensurable.