Amigos, esta noche nos adentramos en las profundidades del Cuarto Círculo Dantesco, una región de las infradimensiones naturales ubicada bajo nuestra Tierra. A diferencia de los ‘infiernos solares’ donde, según las enseñanzas, reina una pureza mineral inmaculada y moran espíritus dichosos, nuestro planeta guarda un reino mineral sumergido con realidades muy distintas. Aquí, en este lugar tan denso y material, encontramos a dos tipos de almas involucionantes: los derrochadores y los avaros.
El Reino Mineral Sumergido Terrestre
Es fácil confundir las infradimensiones de nuestro Sol con las de la Tierra, pero son mundos aparte. Mientras que en el astro rey solo habitan espíritus solares en perfecta armonía, las profundidades de nuestro mundo son el escenario de un crudo realismo para aquellos que han transgredido las leyes cósmicas. El Cuarto Círculo es la antítesis de la vitalidad solar, un reflejo sombrío del desequilibrio humano.
Pródigos y Avaros: Dos Caras del Desequilibrio
En esta tenebrosa región, hallamos a los derrochadores (o pródigos) y a los avaros, dos bandos irreconciliables que se atacan sin cesar. ¿No es curioso cómo dos extremos opuestos terminan en el mismo lugar? Analizando esto, es evidente que tanto el despilfarro excesivo como la retención egoísta son igualmente perjudiciales. El pródigo, aunque cree ser generoso al hacer circular el dinero sin medida, crea un desequilibrio que a la larga afecta a todos. El avaro, por su parte, al retener la riqueza de forma indebida, empobrece a la colectividad y priva a muchos del sustento. Ambos, irónicamente, terminan como mendigos, confirmando que la violación de la Ley del Equilibrio trae consecuencias dolorosas.
La Gran Ley del Equilibrio Cósmico
Aquí entra en juego la enigmática pero fundamental Ley del Eterno-Trogo-Auto-Egocrático-Cósmico-Común. ¿Complicado, verdad? Pero su esencia es simple: se manifiesta como la recíproca alimentación de todos los organismos. Piensen en los metales bajo la Tierra, como el cobre, intercambiando radiaciones y alimentándose mutuamente, o cómo los planetas coexisten gracias a un intercambio de sustancias que mantienen el equilibrio alrededor de sus centros gravitacionales. Esta ley no solo rige el cosmos natural, sino también nuestras vidas económicas: el flujo del dinero, el comercio, lo que cada uno gasta y recibe. En nuestro Sistema Solar, el Sol es el administrador supremo de esta Ley Cósmica, y violarla, como hacen pródigos y avaros, altera la balanza de pagos y genera funestas consecuencias tanto a nivel humano como universal.
Sufrimientos y Moradores del Cuarto Círculo
En este plano infernal, no hay piedad. Los habitantes del Cuarto Círculo Dantesco, ya sean derrochadores o avaros, enfrentan resultados catastróficos. La avaricia se asemeja a la mendicidad, y el despilfarro lleva a la ruina, a menudo con suicidios desesperados, como se vio en Montecarlo. Aquí, en el averno, solo hay desesperación, blasfemias y combates mutuos. Es importante entender que quienes llegan a la involución sumergida de los Mundos Infiernos, incluyendo a los del Cuarto Círculo, ya han agotado, en su mayoría, el ciclo de las 108 existencias, salvo casos excepcionales de perversidad extrema.
La Naturaleza Densa y las Ilusiones del Abismo
El Cuarto Círculo Dantesco está compuesto por átomos increíblemente densos, muchísimas veces más pesados que los de los círculos anteriores. Esto le confiere una materialidad grosera y un dolor inmenso. Curiosamente, en estas regiones se ven tiendas, almacenes, carros… pero no son más que burdas formas mentales, cristalizadas por las mentes de los difuntos. ¡Es una locura! Los habitantes de este círculo están tan «metalizados» por su avaricia que el elemento mineral es tan transparente para ellos como el aire lo es para nosotros, sin que lo perciban conscientemente. Las aguas son negras y el elemento principal es el mineral. A pesar de la presencia de Maestros de la Luz, que renuncian a su felicidad para ayudar, los perdidos los odian, los llaman «Demonios Blancos» y jamás aceptan que van mal. Siempre creen marchar por el camino correcto.
Cultivando el Equilibrio Interior
Entonces, ¿cómo evitar este destino y lograr un perfecto equilibrio? La clave, amigos, reside en nuestra Mónada Interior, nuestra «Chispa Inmortal», nuestro Padre que está en secreto, como decía el Evangelio. Él es el regulador eterno de la Ley del Eterno-Trogo-Auto-Egocrático-Cósmico-Común. Si actuamos de acuerdo con la Ley, si vivimos en armonía con lo infinito y obedecemos al Padre, el pan de cada día jamás nos faltará. Esto significa respetar los Mandamientos, vivir de acuerdo con la Ley escrita, y con el tiempo, quienes así lo hagan, despertarán su Conciencia y podrán recibir las órdenes directas del Padre. En cuanto a la alimentación o las «religiones de cocina», cada cual es libre de elegir, pero lo importante es no infringir la Ley del Equilibrio. Destruir nuestros cuerpos, ya sea por exceso o por carencia voluntaria, también trae consecuencias. Reflexionemos profundamente sobre ello.