Estimado público, distinguidos caballeros y honorables señoras, hoy vamos a sumergirnos en un tema que, a lo largo de la historia, ha fascinado y frustrado a la humanidad: el Movimiento Continuo. ¿Es posible crear un mecanismo que funcione eternamente sin detenerse? Si bien muchos «ingenios del intelecto» lo han intentado, la realidad es que, en el plano físico, la fricción y el desgaste de los materiales siempre acaban con cualquier ilusión de perpetuidad. Y sí, algunos, en su obsesión por desvelar su ley, han encontrado un destino menos afortunado.

Máquina compleja con engranajes y piezas giratorias que simboliza el fallido movimiento perpetuo.

La Quimera del Movimiento Continuo Perpetuo

No podemos evitar una sonrisa al recordar tantos artefactos ingeniosos que no han dado ningún resultado. Desde tiempos inmemoriales, la idea de una máquina que funcione sin fin ha sido un anhelo constante. Sin embargo, la física es implacable: el inevitable gasto de energía y el desgaste de las piezas significan que todo lo material tiene un límite. Si las partes de una máquina se erosionan, el ansiado movimiento perpetuo se desvanece, ¿verdad?

El Verdadero Movimiento Continuo: La Rueda del Samsara

Camino angosto y ascendente, iluminado, simbolizando la liberación del ciclo kármico.

Pero, ¿y si les dijera que el verdadero Movimiento Continuo existe, aunque no de la manera que lo imaginamos? Nosotros hemos descubierto su ley en un lugar mucho más profundo: el maravilloso cilindro del Arcángel Haritón, a menudo llamado la «Rueda del Samsara». Se dice que su parte central es de ámbar con ejes de platino, mientras que sus paneles interiores mezclan anfrocita, cobre y marfil, unidos por un «cemento» a prueba de todo, incluso de radiaciones cósmicas.

Para nosotros, está claro que las palancas y ruedas dentadas exteriores de esta «Rueda» deben renovarse constantemente, incluso si están hechas del metal más fuerte. ¿Por qué? Porque esta es la «Rueda del Samsara», y gira eternamente. Y aquí viene lo interesante: si su movimiento no se interrumpe, es gracias a la infinita cantidad de «elementos desechables». Sí, hablamos de nuestros propios Egos, esas porciones de nosotros que descienden con la trágica Rueda y se desintegran en el Averno.

Pensemos por un momento en el eje de esta Gran Rueda, ese que se describe como de platino, o incluso de plata. Ambos son materiales de tipo completamente Lunar, perfectamente adecuados para el eje de esta rueda kármica. Y el ámbar, presente en todo lo creado, unifica las Tres Fuerzas Universales de la Creación, manteniendo su cohesión a pesar de trabajar independientemente. Como dice un viejo adagio: «Cada uno de nosotros no solo ha pasado por el molino muchas veces, sino también por cada uno de sus dientes».

El Viaje a Través de los Reinos Elementales

Esta Gran Rueda, con su incesante giro, nos lleva a través de sucesivas eternidades, moviéndonos por los reinos de la naturaleza. Por la derecha asciende Anubis, la evolución, y por la izquierda desciende Tiphón, la involución. Se nos asignan 108 existencias en el estado humanoide. Si no logramos la Auto-Realización Íntima del Ser al final de este ciclo, giramos con la Rueda del Arcángel Haritón hacia el Reino Mineral Sumergido.

La evolución nos lleva hacia arriba por el lado derecho de la Rueda, comenzando desde el Reino Mineral. He tenido la oportunidad de explorar este reino, incluso dentro de rocas, y he encontrado criaturas inocentes, más allá del bien y del mal, que a veces adoptan la forma de humanoides diminutos. Más avanzados son los Elementales Superiores, que me han advertido de peligros, o los Gnomos y Pigmeos, quienes conocen a fondo la Alquimia de los metales.

Estos elementales mineraloides avanzados luego ingresan al Reino Vegetal. Cada planta, por insignificante que sea, es el cuerpo físico de un Elemental Vegetal, criaturas con libertad para entrar y salir de sus cuerpos. Existen templos familiares en la Cuarta Dimensión, donde he presenciado cómo estos seres reciben enseñanzas de sus «Gurú-Devas».

Posteriormente, los elementales vegetales avanzados ascienden al Reino Animal. He sido testigo de cómo aves y perros se comunican en un lenguaje inteligente, mucho más allá de los sonidos que percibe la gente común. Un perro una vez me advirtió de un viaje infructuoso, y su premonición se cumplió. Así es la Conciencia dormida de la mayoría, que no percibe estos lenguajes.

Finalmente, las criaturas elementales más avanzadas llegan al reino de los humanoides intelectuales. Aquí, también se asignan 108 existencias. Pero ¡cuidado! Si fracasamos en la Auto-Realización, dejamos de retornar a cuerpos humanoides y nos precipitamos, involucionando, en las infradimensiones de la Tierra. Este proceso involutivo nos lleva a desandar lo andado, volviendo a estados animaloides y vegetaloides, culminando en la «Muerte Segunda».

Ilustración mística del ciclo de la vida: figuras transmutando de minerales a plantas, animales y humanoides.

Rompiendo el Ciclo: La Revolución de la Conciencia

Entonces, ¿cómo podemos escapar de este ciclo incesante del Movimiento Continuo kármico? La clave está en la «Senda de la Revolución de la Conciencia». Esto significa separarnos de la Rueda del Samsara y, conscientemente, apartarnos de las leyes mecánicas de la evolución y la involución. El Cristo Cósmico nos habló de la «puerta estrecha y del camino angosto y difícil que conduce a la Luz», y pocos lo encuentran.

El Ego, a diferencia de lo que algunos creen, no es inmortal; tiene un principio y un fin. O lo aniquilamos voluntariamente, aquí y ahora, o la Naturaleza se encarga de desintegrarlo en el Averno. Estamos ante el gran dilema del «Ser o No Ser». Si disolvemos el Ego conscientemente, nos convertimos en Maestros, en Budhas, recuperando una inocencia victoriosa. Si no lo hacemos, la Rueda sigue su curso, y las consecuencias se sentirán.

No hay retroceso en la Rueda del Samsara; el «Chakra» nunca gira al revés. Lo que existe es la Ley de Recurrencia, donde los ciclos se repiten en espirales más elevadas o más bajas. Aquellos que disuelven el Ego ascienden, logran la Transformación Radical. Quienes no lo hacen, caen en la involución sumergida. El Gran Arquitecto del Universo ha puesto un límite al mal, y ese límite es la desintegración del Ego si no es trascendido voluntariamente. La Doctrina de la Transmigración de las Almas es exacta, demostrando que el Movimiento Continuo cósmico es preciso y con un propósito.