Amigos, ¡qué interesante es reunirnos para desentrañar los misterios de la existencia! Hoy nos sumergimos en la fascinante Ley del Eterno Retorno de todas las cosas. Esta ley, fundamental en el universo, nos enseña que nada se pierde, todo vuelve, pero no siempre de la manera que imaginamos. ¿Qué es lo que verdaderamente trasciende el umbral de la muerte? ¿Y cómo influye esto en nuestro destino?

Ángel de la Muerte junto a un lecho, simbolizando la partida del cuerpo físico y vital.

El Misterio de lo que Perdura Tras la Muerte

Cuando la vida en el cuerpo físico termina, tres elementos regresan a la tierra: el cadáver físico, el cuerpo vital (que se disuelve lentamente junto al cuerpo físico) y la ex-personalidad. Esta última, la suma de nuestras costumbres y recuerdos de una vida, también es perecedera; no hay un “mañana” para ella en sí misma. Lo que sí continúa, lo que no va al sepulcro, es el Ego, el «Mí Mismo», el «Sí Mismo». La muerte es una operación matemática donde solo quedan los «valores» acumulados.

Estos valores, cual sumas energéticas, flotan en la atmósfera del mundo y son atraídos o repelidos por la Ley de la Imantación Universal. La eternidad nos traga para luego arrojarnos de nuevo al tiempo. Curiosamente, en el momento de la muerte, proyectamos un diseño electro-psíquico de nuestra personalidad pasada, que luego satura el huevo fecundado en un nuevo nacimiento. Por eso, al retornar, a menudo poseemos características muy similares a las de nuestra vida anterior.

Karma y el Retorno al Cuerpo Físico

Ciclo de estaciones, sol, luna y astros girando en bucle infinito.

Al regresar a un nuevo vehículo físico, la Ley del Karma entra en acción. No existe efecto sin causa, ni causa sin efecto. Los Ángeles de la Vida son los encargados de conectar el Cordón de Plata con el zoospermo que fecundará el óvulo. Es importante saber que no escogemos voluntariamente nuestro lugar de renacimiento. Son los Señores de la Ley, los Agentes del Karma, quienes designan el sitio exacto: hogar, familia, nación. Si el Ego pudiera elegir, el mundo estaría lleno de palacios y no habría sufrimiento, ¿verdad? La cruda realidad es que cada uno debe pagar lo que debe.

Los defectos físicos o enfermedades con los que nacemos no son meras «taras hereditarias» al azar. Más bien, estas condiciones están al servicio de la Ley del Karma, siendo el mecanismo mediante el cual procesamos nuestras deudas pasadas. Los genes, que controlan nuestro organismo y se encuentran en los cromosomas, son el medio por el cual la Ley actúa, manifestando un cuerpo defectuoso si los «valores» kármicos así lo dictan.

El Ego: Una Legión de Agregados Psíquicos

Aquello que continúa después de la muerte no es precisamente un dechado de virtudes. Más bien, es un montón de «diablos», de agregados psíquicos, de defectos. Lo único decente en el fondo de todas estas entidades cavernarias que constituyen el Ego es la Esencia, la Psiquis, eso que tenemos de Alma. El Ego es una «legión de mentes», una pluralidad de entendimiento. Cuando volvemos, no todos esos agregados logran reincorporarse; algunos incluso regresan a estados involutivos.

La Personalidad, que se forma durante los primeros siete años de vida, también es energética y se descompone lentamente tras la muerte. Sin embargo, el recuerdo de estas ex-personalidades puede persistir en el Mundo Causal. Solo cuando la nueva personalidad no se ha formado del todo, la Esencia puede expresarse en toda su belleza, haciendo a los niños pequeños psíquicos y clarividentes puros. ¡Cuán felices seríamos si solo se expresara la Esencia!

La Razón y la Realidad del No-Ego

Los homínidos intelectuales pueden elaborar teorías espiritualistas o materialistas con admirable lógica, pero la razón, por sí misma, es demasiado estrecha y limitada. Como ya el gran filósofo Emmanuel Kant demostró, la razón no puede conocer la Verdad, lo Real, aquello que está más allá de la muerte. Solo los «hombres despiertos», aquellos que han disuelto el Ego, pueden experimentar verdaderamente lo que hay más allá.

El Ego irradia ondas vibratorias siniestras y desagradables. Toda persona que no ha disuelto el Ego es, en cierto sentido, «negra», aunque presuma de santidad. En estos tiempos, la gente se ha dedicado al mentalismo, adorando la «fuerza de la mente» o «fuerza del burro», en lugar de domarla con la voluntad para liberar el Espíritu. Es un error fortificar estos yoes bestiales; lo sabio es desintegrarlos y reducirlos a polvo cósmico.

El Retorno Incesante en la Naturaleza

La recurrencia de todas las cosas es una Ley de la vida que podemos verificar a cada instante. La Tierra retorna a su punto de partida cada año, celebrando el año nuevo; los astros, los átomos dentro de la molécula, los días, las noches y las estaciones, todos retornan. Los ciclos cósmicos, como Kalpas y Yugas, también son manifestaciones de esta inevitable Ley del Eterno Retorno. Es irrefutable, un principio cósmico que se cumple sin cesar.

Figura abstracta que representa el Ego con múltiples defectos psíquicos.

Disolución del Ego: El Camino a la Plenitud

Algunos piensan que una vida sin Ego sería aburrida. Pero, ¿cuándo está realmente satisfecho el Ego? El Ego es deseo, y el deseo a la larga se convierte en frustración y hastío. No tiene derecho a hablar contra el aburrimiento, porque él mismo se convierte en tedio. Sin el Ego, lo único que queda es la Esencia, la Belleza, de la cual emana la Felicidad, el Amor y la Plenitud. Retornar incesantemente a este «valle de amarguras» para llorar y sufrir es la consecuencia del Ego. Eliminarlo es liberarse de la Rueda del Samsara.