Amigos míos, hoy nos adentramos en un tema que, para algunos, es fuente de profunda curiosidad y, para otros, la base de su camino espiritual: La Ley de la Reencarnación. Es urgente que juntos tratemos de comprender en forma íntegra lo que es esta Gran Ley, pues a menudo se confunde o se malinterpreta. Como verán, no todos los que pueblan la faz de la Tierra “reencarnan” de la misma manera; la distinción es crucial para entender nuestro propio destino.
La Verdadera Reencarnación: ¿Quiénes la Alcanzan?
Ciertamente, la palabra «Reencarnación» es muy exigente. Recordemos, por ejemplo, las diez reencarnaciones de Vishnú, el Cristo Cósmico. Krishna, el gran Avatara Hindú, jamás afirmó que todos los Animales Intelectuales que poblaban la Tierra se reencarnarían. Él fue enfático: solo los Budhas, los grandes Dioses, los Devas, los Reyes Divinos, etc., se reencarnan. Esto nos lleva a una verdad fundamental: no es posible la reencarnación para aquellos que no poseen una Individualidad Sagrada.
Incuestionablemente, solo los Individuos Sagrados se reencarnan, y por ello en el Tíbet secreto se celebraron siempre las reencarnaciones humanas con grandes fiestas religiosas. Pero, ¿qué es lo que confiere esta Individualidad Sagrada? Es la posesión del «Embrión Áureo», la «Flor Áurea». Y aquí viene lo más interesante: tal Embrión debe ser fabricado en forma deliberada, a base de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios. No es un regalo del cielo, sino el fruto de un esfuerzo profundo.
El Embrión Áureo y el Legado del Órgano Kundartiguador
Ahora bien, ¿por qué la mayoría de nosotros no posee este Embrión Áureo de forma natural? Esto nos lleva a un punto crucial en nuestra historia como humanidad. En un pasado remoto, durante la época del Continente Mu o Lemuria, hace unos 18 millones de años, fue necesario el desarrollo de un órgano peculiar: el Abominable Órgano Kundartiguador, la «Cola Satánica». Fue implementado por los Cosmocratores para dar estabilidad a la corteza geológica de la Tierra. Sin embargo, este desarrollo tuvo consecuencias siniestras para la humanidad.
Aunque los Dioses eliminaron este apéndice nefasto mucho más tarde, sus pésimos resultados permanecieron. Estos resultados vinieron a constituir una especie de segunda naturaleza, subjetiva e inhumana, que todos los Animales Racionales cargan dentro: el Ego, con sus agregados psíquicos. Es incuestionable que entre esa doble naturaleza quedó enfrascada la Esencia, nuestra Materia Prima psíquica, el material con el cual debemos elaborar el Embrión Áureo. Disolver tales Agregados Subjetivos e Infrahumanos es vital para elaborar la Flor Áurea y así preparar el camino para la verdadera encarnación.
El Camino Hacia la Liberación: Comprensión y Fuego Sagrado
¿Cómo logramos disolver esos elementos que aprisionan nuestra Esencia? Se habla mucho de Comprensión Creadora, pero es indispensable conocer en forma íntegra todos los Defectos Psíquicos que poseemos. Comprender intelectualmente no es todo; cualquier Defecto Psicológico se procesa en 49 Niveles Subconscientes e Infraconscientes. Necesitamos entender a fondo nuestros defectos, «perforarlos», si queremos exterminarnos, aniquilarnos.
Sin embargo, la Comprensión Creadora, aunque urgente, no es todo. Los Gnósticos vamos más lejos: buscamos capturar el «Hondo Significado» de aquello que hemos comprendido. Esto es una vivencia profunda que solo puede surgir de nuestro Ser Íntegro. Y para la eliminación de los defectos, necesitamos apelar a un poder superior a la mente. Afortunadamente, ese poder existe: el Fuego Serpentino, la Kundalini. Con este Fuego Sagrado, que se desarrolla en el cuerpo del asceta, y la «Lanza de Aquiles» (la Electricidad Sexual Trascendente), podemos desintegrar esos elementos inhumanos, pulverizándolos para liberar la Esencia y, finalmente, formar el anhelado Embrión Áureo. ¡Este es el verdadero Misterio del Áureo Florecer!
Retorno vs. Reencarnación: Una Diferencia Crucial
Es fundamental distinguir entre Reencarnación y Retorno. Quien posee el Embrión Áureo y lo ha elaborado mediante trabajos deliberados, tiene derecho a reencarnarse, estableciendo un completo equilibrio entre lo Espiritual y lo Material. Aquellos que todavía no poseen tal Embrión, retornan, regresan, se reincorporan en nuevos organismos, pero no se reencarnan en el sentido estricto. Raros son los que se reencarnan; millones los que retornan. Es un punto clave para entender el ciclo de existencia.
El que se reencarna, con la Conciencia despierta que le otorga el Embrión Áureo, puede incluso elegir su signo zodiacal y algunas condiciones de su nacimiento, siempre de acuerdo con sus deudas Kármicas. Pero, ¿qué sucede con un Bodhisattva caído? La pregunta es muy original: ¿pierde su Embrión Áureo? No. El Embrión Áureo es imperecedero, inmortal, eterno. Aunque la conciencia de un Bodhisattva caído pueda quedar «embotellada» entre los factores infrahumanos, el Embrión Áureo permanece y resurgirá para iniciar una nueva evolución una vez que el Ego sea aniquilado. La lucidez se pierde, pero no la esencia en sí.
Deseos, Conciencia Plena y la Felicidad Eterna
Podría parecer paradójico, pero incluso alguien que ha disuelto el Ego y ha logrado la Individualidad Sagrada puede seguir experimentando el deseo. Esto se debe a la existencia de las «Cintas Teleoghinooras», recuerdos vívidos de todos nuestros actos lujuriosos de esta y de todas nuestras vidas anteriores. Estas cintas aprisionan parte de la Conciencia. Para lograr el cien por ciento de Conciencia Objetiva, es vital desintegrar radicalmente estas cintas, un trabajo de orden superior que también requiere la Electricidad Sexual Trascendente, figurada como el «Hacha de Doble Filo».
Muchos, al iniciarse en estos estudios, buscan poderes inmediatos o la facilidad para salir en Cuerpo Astral. Pero la Conciencia Objetiva plena implica una destrucción radical de todo lo inhumano que cargamos dentro, la aniquilación de átomos subconscientes y la pulverización de todos los recuerdos del deseo. Es un camino de auto-transformación profunda, no de atajos.
Finalmente, la Maestra H.P.B. decía que la única manera de no sufrir en este mundo es dejar de reencarnar. Pero, queridos amigos, la Felicidad Absoluta solamente se consigue cuando uno tiene a Dios adentro. Podríamos vivir en el Nirvana, el Mundo de la Felicidad, o incluso dejar de reencarnar, pero si no tenemos a Dios adentro, no seremos verdaderamente felices. Como ejemplo, hay Maestros de compasión que viven y trabajan en los Mundos Infiernos, ayudando a los perdidos, y sin embargo, son infinitamente felices porque tienen a Dios dentro. La verdadera dicha radica en la unión con lo Divino, más allá de cualquier ciclo de La Ley de la Reencarnación o retorno.