¿Alguna vez te has preguntado qué sucede cuando los deseos más profundos se reprimen por demasiado tiempo? La historia de la humanidad, especialmente en épocas de estricta moral, nos muestra que la naturaleza humana siempre encuentra un camino para manifestarse. Aquí es donde surge el misterioso concepto de El Yo de la Brujería, una fascinante exploración de cómo nuestras pasiones y apetitos, cuando son forzadamente contenidos, pueden proyectarse de maneras insospechadas, incluso adoptando la forma de «demonios» o fenómenos de brujería.

Monja con lucha interna contra ego lujurioso y deseos reprimidos.

Las Tentaciones de Piscis: Egos Lujuriosos

En la ya fenecida Era de Piscis, la Iglesia Católica impuso severas restricciones morales, limitando la expresión natural de la vida. ¿El resultado? Una intensificación subconsciente de los apetitos más “bestiales”, a menudo proyectados como entidades externas. Las monjas de Hessimont y Nazaret son un ejemplo clásico. Como relata el sabio Waldemar, fueron “visitadas” por un Demonio que, tras tocar la cítara, se metamorfoseaba en un perro ardiente para saltar a sus lechos. ¿Un Demonio real? La gnosis nos enseña que no: era un YO lujurioso, la propia pasión sexual reprimida de la monja, proyectada hacia el exterior. ¡Pobres almas con ancestrales pasiones forzosamente contenidas! Sus ojos cerrados durante supuestos ataques no eran sino el reflejo de una auto-cópula con su propio ego lujurioso.

El “Diablo prestidigitador” no es más que la potencia sexual exacerbada que, al no encontrar una salida natural y consciente, engañaba la fantasía de estas mujeres, haciendo que representaran una “horrible comedia” con proyecciones vívidas. Estas historias nos invitan a reflexionar sobre la naturaleza de la brujería y cómo los egos lujuriosos pueden manifestarse de formas sorprendentes.

El Misterioso Caso de la Bruja y el Joven

Persona con una viga en el ojo, simbolizando la auto-observación y egos ocultos.

¿Te imaginas ser vampirizado por una bruja en tus sueños? El autor Barnett nos cuenta el caso de un joven que, asaltado por pesadillas persistentes, se vio consumido por una bruja del pueblo. Lo más asombroso es que esta anciana, encorvada y con muletas, ¡rejuvenecía mientras el joven se debilitaba! ¿Magia oscura? Sí, pero con una explicación oculta profunda. El sabio Waldemar nos habla del “Eidolón”, el cuerpo doble, y del “ideoplástico químico”, ese escultor de la vida que forma el protoplasma según una imagen predeterminada.

Es decir, la bruja, mediante un “modus operandi” desconocido para el vulgo, logró succionar la vitalidad del joven y trasplantarla a su propio “cuerpo primitivo”. Así, el “ideoplástico químico”, impregnado por la vitalidad robada, reconstruyó el organismo de la anciana. ¡Mientras la vida del mancebo se agotaba, la bruja recobraba su juventud! Aquí es donde entra en juego la profunda enseñanza sobre El Yo de la Brujería: la capacidad del ego para manipular la energía vital, incluso a distancia, para sus propios fines.

¿Cómo Operan estos ‘Yos’ Oscuros?

Estas criaturas tenebrosas, que bien podemos llamar “JINAS”, no están atadas a nuestra realidad tridimensional. ¿Te asombra que puedan eludir la ley de la gravedad o viajar en segundos a cualquier lugar? La clave está en su habilidad para introducir su cuerpo físico en la Cuarta Dimensión, la dimensión desconocida. Tienen fórmulas secretas para escaparse del mundo euclidiano, y sus organismos ofrecen posibilidades realmente sorprendentes. Como las execrables Celeno y sus inmundas arpías de la mitología, estas manifestaciones del ego pueden corromper y causar daño, moviéndose entre planos de existencia con una facilidad que desafía nuestra lógica ordinaria.

Más Allá de Salamanca: El Castillo de Klingsor

Cuando pensamos en brujería, a menudo la imaginación vuela a lugares místicos. La capital principal de estas abominaciones se dice que está en Salamanca, España, en el famoso castillo de Klingsor, el salón de la brujería. Un santuario de tinieblas citado incluso por Ricardo Wagner en su «Parsifal». Pero, ¡ojo!, este castillo no está en el mundo físico que conocemos. Los Divinos y los humanos saben que el castillo del Grial negro se encuentra en las tierras de los “Jinas”, en esa Dimensión desconocida. Allí, los martes y sábados a medianoche, se reúnen las “CALCHONAS” con sus “ZÁNGANOS” para celebrar sus orgías, manifestaciones de los egos lujuriosos y la brujería en su máxima expresión.

Anciana bruja rejuveneciendo al vampirizar energía de un joven.

El Yo de la Brujería en Cada Uno de Nosotros

Y aquí viene lo más interesante: El Yo de la Brujería no es exclusivo de las brujas de cuento o las monjas tentadas. Muchas personas honorables, incluso religiosas, cargan dentro de sí este “Yo”. Son gentes sinceras que, en su vida actual, quizás no sepan nada de ocultismo, pero llevan latente este ego de vidas anteriores. Cualquier interés fugaz por la brujería pudo haberlo creado. Esto significa que muchos practican la brujería inconscientemente, causando daño a distancia a través del tiempo y el espacio, impulsados por esa “viga en el ojo” que Jesús nos invitó a ver.

La clave es la auto-observación y la eliminación de nuestro YO PLURALIZADO. No podemos juzgar la “paja en el ojo ajeno” si no hemos sacado la “viga” de nuestro propio ser. Solo al trabajar en nuestra transformación interior podremos comprender y trascender estos egos oscuros que, como el Yo de la Brujería, buscan manifestarse. Es un camino de autoconocimiento para desentrañar las profundidades de nuestro ser y alcanzar la verdadera liberación.