¿Alguna vez te has preguntado sobre los verdaderos orígenes de las civilizaciones? La tradición nos susurra historias profundas, y entre ellas, la de los Esquimales del Norte es una de las más enigmáticas. Se dice que estos pueblos de Groenlandia y Alaska provienen de la legendaria Thule, una isla sagrada que encierra los secretos de la primera raza humana. ¿Estás listo para un viaje al pasado y más allá?
Ilustración de la mítica isla de Thule, hogar de la primera raza humana.
Origen y Misterio de la Raza Protoplasmática La lejana Thule, la Isla Sagrada, es mucho más que un mito. Maestros como Arnoldo Krumm Heller hablan de sus sublimes maravillas, y Don Mario Rosso de Luna sugiere que aún existe, pero en un estado de Jinas, es decir, en la cuarta dimensión. Es aquí donde, según la sabiduría ancestral, se desenvolvió la primera raza humana, conocida como la Raza Polar. Imagínate un mundo hace más de trescientos millones de años, donde la Tierra era semi-etérica, semi-física, un «curvo océano azul». En esa era, los seres humanos flotaban en la atmósfera con cuerpos andróginos y etéreos. ¡Eran tan elásticos que podían medir veinte metros o reducirse a voluntad! Su reproducción era un acto sagrado de división fisípara, acompañado de oración y profunda veneración a lo divino. No eran hermafroditas, sino andróginos perfectos. Una Civilización de Luz y el Verbo de Oro
Anciano esquimal reflejando sabiduría ancestral y conectando con dimensiones superiores.
Aunque suene increíble para el materialismo actual, esta primera raza alcanzó un altísimo grado de civilización. Construyeron casas, palacios y templos grandiosos con el material plástico y etérico de esa Tierra primigenia. Por supuesto, los escépticos se reirán, pues no hay restos físicos. ¡Y no los habrá! Porque en aquella época la Tierra era etérea, y solo los grandes clarividentes pueden acceder a su historia viviente en las memorias de la Naturaleza. En la cultura de la Raza Polar, religión, ciencia y filosofía estaban unidas. Eran Bodhisattvas, seres despiertos. Sus rituales cósmicos eran de una «pura masonería oculta», donde incluso los símbolos y herramientas se usaban invertidos, representando el descenso del espíritu hacia la materia. Su lenguaje era el Verbo de Oro, una lengua cósmica capaz de producir fenómenos asombrosos. Y su escritura… ¡las runas divinas! La svástica, el martillo masónico, e incluso las letras hebreas tienen sus raíces en estas ancestrales runas. Curiosamente, la verdadera cuna de la sabiduría oculta no fue Asia, sino esta Isla Sagrada, Thule. Aunque hoy la ubicamos en el Norte, originalmente estaba en la línea ecuatorial, moviéndose con la revolución de los ejes de la Tierra. ¡La ciencia contemporánea ya demuestra que los polos se están desviando hacia el Ecuador!
Símbolos rúnicos y rituales cósmicos en templos de una civilización ancestral.
El Legado de los Esquimales del Norte y las Dimensiones Superiores Los actuales Esquimales del Norte, aunque mezclados con otras razas y considerados «degenerados atlantes» en su origen, conservan tradiciones fascinantes. Se rigen por un consejo de ancianos y conocen la Ley del Eterno Retorno, comprendiendo que el Ego regresa a una nueva matriz. Sus fetiches simbolizan la Esencia, el «protoplasma» del alma que se forja con sabiduría. Adoran el principio femenino de Dios en la anciana Sedna, habitante del fondo del mar. Sus viajes chamánicos en busca de Sedna recuerdan los simbólicos viajes del masón alrededor de la Logia, representando la elevación de la Conciencia. Además, los esquimales saben de la existencia de genios, duendes, gnomos, salamandras y ondinas, realidades que la ciencia oficial, tras aceptar la hipnosis, pronto tendrá que admitir. ¡La naturaleza está llena de maravillas, como la famosa serpiente de cristal descubierta en 1961! La búsqueda de la sabiduría primigenia de Thule, la Tierra de los Dioses (donde residen los antepasados de esquimales y aztecas, y donde Quetzalcoatl vivió), nos exige un cambio de paradigma. La cuarta dimensión, donde este continente polar del Norte se encuentra, no es un absurdo. Necesitamos la Lógica Dialéctica para comprenderla y la meta-geometría para explorarla, dejando atrás los límites de la lógica formal y la geometría de Euclides. Para los gnósticos, revolucionarios en su búsqueda de la verdad, es vital «desembotellar la mente» y liberar el pensamiento. El Kundalini, esa serpiente súper-astral, es la palanca de Arquímedes que nos permite entrar en la cuarta dimensión y viajar con cuerpo físico a la Isla Sagrada. ¡Ha llegado la hora de despertar nuestro sexto sentido y reconquistar las percepciones objetivas, regresando a la sabiduría divina de los Esquimales del Norte!