Amigos míos, reunidos esta noche para abordar un tema de vital importancia: “Los Negocios del Karma”. Y no, no hablamos de transacciones mundanas, sino de algo mucho más profundo. Nos referimos a esa poderosa Ley de Acción y Consecuencia que rige nuestra existencia. ¿Sabían que es posible negociar el Karma? ¡Así es! No es una fuerza ciega e inmutable, sino una balanza cósmica que podemos influir con nuestras acciones.
Karma: La Ley de Acción y Consecuencia
En el corazón de la vida, no existe efecto sin causa, ni causa sin efecto. Cada pensamiento, cada palabra, cada acción, buena o mala, deja su huella y genera consecuencias. Hoy reflexionamos sobre la desgracia humana, gran parte de ella arraigada en algo que llamamos Ego, Yo, Mí Mismo. Si estos “humanoides” estuvieran desprovistos de ese lastre, serían seres de una inocencia y dicha infinitas, como elementales puros de la naturaleza.
Lamentablemente, errores del pasado lejano dieron origen a estos elementos inhumanos dentro de nosotros, embotellando la Conciencia y alejándonos de nuestra felicidad innata. Es el Ego quien comete innumerables equivocaciones, y el dolor es su triste resultado. Sin él, no habría errores, ni el sufrimiento que hoy nos aflige.
La Sorprendente Negociación del Karma
Para muchos, la idea de que el Karma es negociable puede sonar herética. Pseudosesoteristas y ocultistas suelen caer en un pesimismo mecanicista, creyendo que esta ley es cruel, automática e inalterable. ¡Nada más lejos de la verdad! Si el Némesis de la existencia no fuera flexible, ¿dónde quedaría la Misericordia Divina? Lo Real, lo que es Perfección pura (llámese Tao, Dioses o como prefieran), no puede ser tiránico.
Por ello, repito enfáticamente: el Karma es negociable. Recuerden estas máximas: “Cuando una Ley Inferior es trascendida por una Ley Superior, la Ley Superior lava a la Ley Inferior”. Y, aún más directo: “Haz buenas obras para que pagues tus deudas”. Imaginen una balanza cósmica: si en un platillo ponemos las malas acciones, y en el otro, las buenas, el resultado de nuestro destino dependerá del peso. Aumentar el peso de las buenas obras es la clave para cancelar deudas kármicas sin necesidad de sufrir.
Cómo Manejar Nuestros «Negocios» Kármicos
Nunca debemos protestar contra el Karma. La clave es saber cómo modificarlo. Cuando la amargura nos inunda, en lugar de lavarnos las manos como Pilatos y justificarnos, debemos revisar nuestra conducta. Sentémonos un instante en el banquillo de los acusados y, tras un somero análisis, modifiquemos radicalmente la causa de nuestras desgracias. No podemos alterar un efecto sin antes haber cambiado su raíz.
¿Estás sufriendo miseria? Pregúntate: ¿Viene de la avaricia, la lujuria o la violencia? Si aquellos sin trabajo se volvieran castos, caritativos y serviciales al cien por cien, ¿no cambiaría su destino? La miseria suele ser el resultado de la ausencia de ese “Padre que está en Secreto”, nuestro Ser Interior. Cuando “el hijo anda mal, el Padre se ausenta, y entonces cae en desgracia”.
El Karma es una medicina para nuestro propio bien. Si estamos enfermos, en lugar de centrarnos en nosotros mismos, trabajemos por los demás: hagamos obras de caridad, ayudemos a sanar a otros, consolemos a los afligidos, donemos medicinas. Así, nuestro Karma se cancelará y encontraremos la sanación. Quienes sufren en sus hogares, multipliquen su humildad, paciencia y serenidad; no respondan con malas palabras, no tiranicen, sepan perdonar los defectos ajenos. Esto transforma la causa y, por ende, el efecto.
Queridos amigos, el recto pensar, el recto sentir y el recto obrar son, sin duda, el mejor de los negocios. Cuando eliminamos radicalmente el Ego, la posibilidad de delinquir se aniquila, y el perdón se vuelve posible. Así que, en vez de reclamar lo que no hemos dado, es hora de dar, con generosidad y conciencia, para forjar un destino de verdadera felicidad.