Amigos, hoy nos aventuraremos en una exploración profunda y, quizás, un tanto inquietante: el estudio del Segundo Círculo Dantesco. No hablaremos de los cielos, sino de la contraparte sumergida del planeta Mercurio, esa dimensión donde las fuerzas pasionales negativas bullen incesantemente. Es un lugar que, aunque oculto, resuena con aspectos de nuestra propia psique.
El Infierno de Mercurio: Un Viaje Interior
¿Se han preguntado alguna vez dónde van las almas que han agotado su ciclo de existencias humanas en la fornicación? Según las enseñanzas esotéricas, es en esta región sumergida, bajo la epidermis de nuestro planeta, donde podemos verificar directamente lo que es el Infierno de Mercurio. Al penetrar con nuestro Cuerpo Astral, se siente el huracanado viento, un elemento aéreo fatal que caracteriza esta zona.
Aquí residen los fornicarios, aquellos que, a pesar de las advertencias, extrajeron de su organismo el Sagrado Esperma. Estas criaturas infelices, hundidas en el vicio, deambulan sin cesar. Es asombroso ver a estos perdidos cohabitar entre los infiernos atómicos de la Naturaleza, blasfemando y odiando todo lo que signifique castidad. Figuras como la Emperatriz Semíramis, la Reina Dido, Paris y Aquiles, se manifiestan como símbolos vivientes de estas pasiones desbocadas en este particular círculo infernal.
El Misterio del Órgano Kundartiguador
Con profundo dolor, es aquí donde hallamos a los Bodhisattvas Caídos, los «Ángeles Caídos» de antiguas teogonías. ¡Qué tristeza al descubrir en estos abismos mercurianos a quienes «cambiaron el Cetro de Poder por el huso de Honfalia»!
Esta región de entendimiento bloqueado, donde los instintos brutales se mezclan con la lascivia y la violencia, es también el hogar de los Tántricos Negros. Ellos desarrollaron el «Abominable Órgano Kundartiguador», una «cola satánica» que se proyecta desde el coxis hacia los infiernos atómicos del ser. Este órgano, permitido en la Lemuria por razones cósmicas, aunque ya eliminado físicamente, dejó resultados psíquicos devastadores en los cinco cilindros de nuestra máquina orgánica: Intelecto, Emoción, Movimiento, Instinto y Sexo. Estos resultados se manifiestan como nuestros Agregados Psíquicos, esos «Yoes» pendencieros que personifican nuestros errores y constituyen el Ego.
La Ilusión de la ‘Normalidad’ en el Abismo
Una de las paradojas más desconcertantes de esta esfera sumergida de Mercurio es que, a pesar de las torturas y el sufrimiento, quienes allí moran creen firmemente que están «muy bien». ¡Sí, lo han leído bien! Piensan que caminan por el sendero de la rectitud y del amor, incluso considerando que quienes buscamos la «Revolución de la Conciencia» vamos, según ellos, «hacia nuestra propia destrucción».
Esto sucede porque su conciencia está despierta, pero despierta para el mal. Tienen una lógica fatal, una idiosincrasia psicológica que invierte los valores: para ellos, lo blanco es negro y viceversa. Nombrar a figuras de luz, como Jesús o la Divina Madre Kundalini, en esas regiones, es considerado una blasfemia. Y aunque no ignoran la «Muerte Segunda» —un proceso para retornar a la superficie y reiniciar un nuevo ascenso evolutivo— no la temen; de hecho, la imploran como una puerta de escape. Este aspecto del Segundo Círculo Dantesco nos invita a una profunda reflexión sobre la autopercepción y la verdad interior.
Es crucial entender que la lujuria no solo se procesa en la superficie, sino en las 49 regiones del subconsciente. Seres que se creyeron «castos» o «inocentes» en la vida externa, pueden encontrarse en este círculo infernal si no purificaron su subconsciente a fondo. Nadie debería autocalificarse de «casto», pues el camino de la conciencia es mucho más profundo de lo que el intelecto puede abarcar. La desintegración del Ego en todas sus facetas es un proceso gradual y metódico, esencial para despertar nuestra verdadera conciencia.